Todos los siglos son un solo instante

  • La Tallera (Cuernavaca, Mor.)
  • 27 de abril — 14 de julio de 2019
  • Curaduría: Michele Fiedler, Silverio Orduña
  • Patrocinio: INBA, Secretaría de Cultura, SAPS

Llegamos en uno de los dos camiones que tiene a mano la Sala de Arte Público de Proyecto Siqueiros, gracias al Instituto Nacional de Bellas Artes, para trasladar a la gente entre la SAPS, en Polanco, y La Tallera, el-ex estudio de David Alfaro Siqueiros y ahora un museo (casi-)propio, en Cuernavaca. El camión nos llegó directamente de una película de carretera de los 70, con elucido de aluminio y un amuleto contra los malos sueños balaceándose en frente del espejo delantero. El viaje era de dos horas, mas o menos, tras los Cumbres de Ajusco por la carretera privada de cuota. Aunque hay una carretera libre desde México a Cuernavaca, las de cuota se parecen más seguras—cruelmente, son la gente pobre, tomando buses de seis pesos por las carreteras libre desde partes lejanos del valle de México al centro de la Ciudad, que más frecuentemente son las victimas de secuestraciones, robas, etc. Ciertamente, mientras los gobiernos y/o los cambio económicos de los ciudades de México empujan la gente pobre a los extremos, la violencia en México, que actualmente está empeorando, parece que está desapareciendo.

La Tallera es un edificio imponente. Un camino de concreto inclina hasta dos murales enormes de Siqueiros, que están al lado del edificio principal, el ex estudio de Siqueiros. El espacio de exhibiciones es un polígono desconcertante, con paredes increíblemente altos y ángulos extraños. En este polígono incomodo estuvo instalado “Todos los siglos son un solo instante,” una exhibición sola de Cynthia Gutiérrez, curada por Michele Fiedler y Silverio Orduña. Una pieza en especial me llamó la atención por sus similitudes formales con las pilas de dulces sin fin de Felix González-Torres, como Untitled (Placebo) (1991). En Marcha de tierra (2019), fragmentos de piezas de barro, replicas de antigüedades, se cayeron desde una esquina lejana como los muertos en el capitulo anterior de Game of Thrones, sus caras y troncos arruinadas mezclándose con pedestales rotos y tazones dañadas, empezando a nivel de pie y ascendiendo tres o cuatro metros hasta las paredes.

En un texto breve sobre Untitled (Placebo), Ted Purves se enfoca en sus especificación técnica, que él se llama su “técnica estructural”: “Dulces, envueltos individualmente en celofán de color plata (suministro sin fin).” La técnica estructural de Marcha de tierra no es infinito sino fragmentado: “Fragmentos de piezas de barro, dimensiones variable.” Encontré, mientras hojeando la antología sobre Felix Gonzalez-Torres editado por Julie Ault, una cita de Blanchot: “El fragmento, como fragmentos, tiende a disolver la totalidad que se presupone y que lleva hasta la disolución (hablando exclusivamente) de la cual no se forma en orden, despareciendo (su identidad despareciendo junta con ella), para mantenerse como la energía de desaparecer.” Digamos, juntitos con Blanchot, que el fragmento es la energía de desaparecer: que es una concentración de la energía de desaparecer en un país que no solamente desaparece gente sino violencia como tal?