Seduction

  • Lodos (Ciudad de México)
  • 9 mayo 2019 — 20 julio 2019

“La historia es…” empieza el text que acompaña “Seduction,” la exhibición sola de Rosa Aiello en Lodos en la Ciudad de México. El texto describe su pieza Sin Título (cartón) (2019), una pared hecho de cartón, que se ve apuradamente arreglada, que divide uno de los dos corredores de la galería y asegura que el espectador seguirá un camino narrativo en particular. Primero, pasando la oficina hasta un cuarto en que encuentre The Victim, configuración de 28 (2019), un archivo de fotografías de tamaño regular pegado a las paredes de la galería y papeles de Xerox pegado a Sin Título (cartón) (2019). Las fotos son de niñas en tiendas de Claire’s, la tienda de perforación de orejas más típica en EEUU, gritando y llorando mientras se perforan sus orejas. Las mamas de ellas se visten con expresiones de orgullo, o pensativas, o tristeza. El papel de Xerox está cortado por tijeras en rectángulos rudos, uno con una lista de verbos en el fuente Chalkboard de Microsoft Word (“girar,” “quejar,” “gemir,” “salir”); otro con una citación aparentemente de unos de esos manuales de violación como El método, con la palabra “victima” resaltada con poca pericia.

El camino dictado por (carton) —no hay otra manera en que ver la exposición, un contraste fuerte de la experience de galería usual, en que la espectadora se puede construir su camino como quiere en su caja blanca— continua a un corredor puntuado por nueve fotografías. Esas fotografías, Seduction (Coventry Hills), serie de 9 (2019), se aparecen de manera más profesional, enmarcadas en metal, pero las fotos en su misma se aparecen mal compuestas, como de alguien tomando fotos de manera random desde su coche. Las fotografías son destellos desenfocadas de techos, ventas, nieve. En el parte inferior de cada marca aparece un texto, impreso por cinta transparente, que también se parecen como citaciones de El método: “Crea una sensibilidad falsa de seguridad: acerque de manera indirecta.” En este corredor, el sonido de un tren, de sus ruedas de metal chillando cada dos minutos, se acerca y empieza de ser irritante.

El sonido viene de The Coquette (2018), un video proyectado sobre (cartón). Tres banquetas rojas de plástico vean “la pantalla.” La calidad de producción alta del video contrasta bruscamente con su pantalla de cartón. El video empieza con una escena de cita casi chistosa, con el hombre poderoso típico parloteando sobre la nada en esa manera de autoridad falsa que emplean todos esos hombres, y la mujer ingeniosamente evitando decir nada. Acaba con la protagonista convenciendo los dos hombres que no se dejan en paz —el dueño de galería aburrido, digamos, que se toca por el cuello, por la mano, que dice a mi me gustas mucho; y el artista, digamos, que se agarra por los hombros y se agita, que dice te necesito— matar uno al otro. Pero su plan no funciona. El video fusiona los elementos dispersos y aparentamente mal instalados en un horror narrativo estremecedor. Cuando era niño, tuve un sueño recurrente que estaba en el asiento trasero de un auto y el conductor despareció. El sentimiento era similar. La historia es: a veces es imposible huir.