Sangre Pesada

  • Museo Experimental El Eco (Ciudad de México)
  • 15 junio 2019 — 25 agosto 2019
  • Patrocinio: Se produjo por la XII Bienal FEMSA
barbara lazara sangre pesada

Estoy escuchando a un podcast sobre la industria de bebida, “I’ll Drink to That!” y la entrevistada, Mimi Casteel, acaba de decir que “la vida se acerca complejidad porque la complejidad es estabilidad, es resistencia en el mundo natural, y cada día olvidamos que la agricultura es el mundo natural.” En el principio del texto que acompaña la instalación actual de Sangre Pesada (2019) en el Museo Experimental el Eco, David Miranda escribe que “[e]l pensamiento occidental…siempre estuvo en contradicción porque situó como base de su universo un modelo de subjetividad individual caucásica, heteronormada, masculina y eurocéntrica, descartando las posibilidades de acompañar su fundamente desde lo natural, lo diverso, y lo comunitario. La naturaleza para los occidentales fue un territorio a conquistar, una mercancía en lugar de un hábitat.” Así es el trasfondo del video de Rincón Gallardo y el catástrofe mundial en que nos encontramos hoy día: la carencia de pensamiento occidental, una “imposición ideológica que ordenó destruir todo lo que no fuese consecuente con dicho pensamiento: yo descubro, yo conquisto, yo distribuyo, yo organizo, yo exploto, yo pienso, luego existo. Lo hago mi mismo. El pensamiento occidental deja que pasan atrocidades ambientales y humanos por enfocar en el individuo —siempre es un él, ni importa si es un país, un recurso, o un hombre— sobre todo alrededor que lo apoya.

Hace rato, mientras comiendo una ensalada de arúgula y intentando evitar gritar, escuché a un par de inmigrantes a México que describieron México como un lugar afuera del Occidente. Me pregunté si estábamos en Borneo, pero obviamente “Occidental” significa “Europeo” o más bien “Europeo-Estadounidense,” y pues no, México no está en Europa ni Estados Unidos, solamente sufre de miles de problemas por ellos. Pensé sobre el Occidente mientras viendo la protagonista del video, La dama de los dientes de cobre, interpretada por Barbara Lázara, masticar chicle mientras hacer calentamientos. Pensé en Richard Simmons, quien sacó su personalidad frenético y sudoroso de vida pública en 2016 bajo una niebla de paranoia y conjetura; en los suburbios de EEUU, en los parques de caravanas en frente del Walmart, en la avenida casi sin pavimento que cruce el lado oeste —Occidental, mas bien— de Baltimore; en refrescos extra grandes, servido en tazones de unicel con popotes de plástico. En un momento hacia el final del video, tal vez en la sección llamada por la dama de dientes de cobre, vemos ella, apoltronándose en el desierto, tomando algo a través de un largo tubo de plástico, contándonos que los quinientos años de extracción en el estado de Zacatecas ha contaminado la tierra, el agua, todo el sistema natural: “se llaman a mis venas abiertas recursos estratégicos/a cambio me dan agua embotellado.”

Vi este video por la primera vez en la XIII Bienal FEMSA, para que se produjo. Aunque mucha obra en la bienal —hasta afuera de la bienal, en la mina turística hay estatuas de gente indígena con caras agotadas y deprimidas, elucidado por el guion como gente que murieron muy joven por contaminación de mercurio, de plomo, o simplemente por ser trabajado hasta muerte por sus esclavistas— trató del tema de extracción mineral en Zacatecas. Sangre Pesada, que alterna entre una distópica obra de teatro cuir y un videoclip metalero con saxofonistas y un capítulo de un serie pseudocientifica de Netflix sobre, no sé, “Extraterrestres en Centroamérica,” lo trató mejor que la mayoridad. El video evita decirnos, en voz alta, con una intensidad masculina y moralista, lo que ya sabemos: que la civilización occidental ha destruido el mundo. En vez de ello, el video, presentado en seis partes —“Pulmones,” “Profecía,” “Colibrí,” “La dama de los dientes de cobre,” “La maldición mineral” y “Sangre pesada”— presenta un narrativo surreal pero seductivo clavado a la dama de dientes de cobre, un personaje igual de encantador y asqueroso, quien, después de contarnos sobre la destrucción de su cuerpo, de su pueblo, del ambiente que los apoyaron, nos dice: “no estoy quejando. Estoy buscando gente como yo.”