Salón Silicón

Lamentablemente, relaciono a Salón Silicón con un ex-amigo mío. Era, o más bien me imagino que aún es, uno de esa gente blanca que viene de países más ricos que llevan “lo queer” como una máscara de moda para cubrir sus impulsos racistas y explotadores, que, mientras estamos parados en la fiesta queer cara, confía en mi, su compañero queer blanco de un país más rico, que piensa de México: que la gente es perezosa, que todo es muy barato, que hermoso será el departamento que acaba de comprar, cuanta “oportunidad” hay aquí. Nuestra amistad debería acabado la primera vez que me dijo que los mexicanos son perezosos —un sentimiento absurdo en una ciudad en que es imposible caminar por la calle sin ver alguien trabajando 8+ horas al día, seis o siete días la semana, más un viaje al trabajo de por lo menos una hora, en su puesto informal— pero por fin terminó cuando me intentó involucrar en una esquema pirámide: “solamente invierta €10,000 o algo, ¡lo recuperarás bien seguido!”

De todos modos, las primeras veces que fui a Salón Silicón, estaba con él. Una vez hasta mostró su obra allí. Emborrachamos belicosamente hasta que fuimos a otro lugar para gastar dinero. Después que terminó nuestra amistad, no fui a la galería por unos meses por vergüenza y miedo de verlo allí. Por fin empecé de regresar en los últimos meses. Salón Silicón está ubicada en la Escandón, una colonia cómoda de clase media-alta, al lado de la más lujosa Condesa y la más trabajadora Tacubaya. Creo que la primera vez que fui era durante la Semana de Arte, los más o menos diez días que rodean las dos ferías de arte en la Ciudad de México, en 2018, mientras la galería se convirtió en una Galerías Similares, una copia divertidísima de las Farmacias Similares, una farmacia ubicua en que casi siempre está uno de sus famosos doctores Simi, bailando a su playlist especial. Porque la galería usualmente no cabe la gente que viene a las inauguraciones, es uno de esos lugares de que nunca recuerdo donde están exactamente. Solamente sé que bajo en el metro Patriotismo y camino por José Martí hasta encuentro una multitud de queers sexis saliendo a la calle.

Cuando les pregunté en dónde ubican lo queer en su práctica como galería, Salón Silicón me respondió: “en nuestras colitas.” Me recordó de una amiga trans que una vez me dijo que estaba preocupada que la teoría queer iba a teorizar su cuerpo fuera de existencia. Solamente porque una persona o una organización no quiere hacer gimnásticos intelectuales para justificarse como queer no significa que no son. Era una buena respuesta. Salón Silicón primariamente presenta obra de gente que identifican como mujeres y/o queer. Se definen como una galería privada pero no exclusiva, y que trabaja de ser más transparente con sus artistas sobre temas de dinero. Ambas de esas cosas también me parecen como queer, la última aún más que la anterior: escogiendo cuidar lxs con quien estás cerca de una manera no exclusiva ni explotada.