Otros cuerpos detrás

  • Museo Rufino Tamayo (Ciudad de México)
  • 24 agosto 2019 — 10 noviembre 2019
  • Patrocinio: Secretaria de Cultura de México, Instituto Nacional de Bellas Artes, el Museo Tamayo, la Fundación Olga y Rufino Tamayo, Bloomberg Philanthropies, la Embajada de Brasil en México, Grupo Habita
adriana varejao cena de interior I

En Cena de Interior I (1993), una pintura de Adriana Varejão en su solo exposición “Otros cuerpos detrás” en el Museo Rufino Tamayo, un Sambo con piel más oscuro que la noche mira a lx espectadorx con boca abierta, babeando mientras se mete su verga en una mujer asiática, estereotípicamente dócil con cara como ese emoji, su vestido alrededor de su cadera. Están suspendidos sobre una hamaca, lo cual está suspendido entre un cuarto al revés arriba, en que dos mas mujeres con caras estereotípicamente dóciles cojan, una tocando su pezón mientras toca la strap-on enorme y negra de su compañera, y un cuarto primario abajo, en que cuatro hombres blancos violan una perra blanca y un hombre negro. Un hombre rubio sin camisa ve a su pene entrando la perrita con una cara de admiración mientras su amigo con cabello moreno, vestido en una playera y shorts, la agarra. Otro hombre con cabello moreno, vestido en un polo con short caqui y un reloj de mal gusto mira con cara satisfecha al cuerpo casi-desnudo de un hombre negro, otra vez con piel de Sambo, mientras su amigo, llevando una playera azul con sus shorts alrededor de sus tobillos, mostrándonos sus nalgas sin forma, lo viola. La cara del violador mira arriba con una expresión de placer triunfante. El violado no tiene una erección; su cara no tiene expresión. Alrededor de las figuras es un inventario de orientalismo: unas urnas de barro, una tetera, unas ventanas geométricas bastante elaboradas, un tapiz, unas columnas ornamentales, etc.

La ficha al lado de la pintura está titulada “Paisajes, retratos y el flujo cultural.” El texto presenta una historia clínica y seca del papel de la pintura figurativa en la producción y el refuerzo de imaginarios culturales europeos del Otro mientras saqueadores europeos llegaron al todo el mundo desde el siglo XV. Describe el concepto de antropófago (figurativo), que viene de las teorías de Oswald de Andrade que también influyeron varias artistas brasileñxs en los últimos casi 100 años, incluyendo a Varejão, que reutiliza imágenes estereotípicas no solamente para producir esta reproducción de un interior japonesa obscena pero también para otras apropiaciones de imaginarias racistas, desde paletas de maquillaje hasta retratos estilo renacimiento. Pero la desconexión entre las fichas clínicas y la fuerza obscena de la obra se sintió fuerte. ¿Por qué tan serias?

Como un hombre blanco de los suburbios, no tan diferente que el wey mirando su amigo violar el hombre negro, no hay tanta autoridad que puedo ni quiero ni debo reclamar sobre la historia de figuración en Brasil ni las experiencias de gente colonizada mientras trabajan para descolonizarse sus imaginarios culturales. Lo que sí tal vez puedo decir, como una persona queer, es la necesidad de obscenidad en espacios públicos esforzadamente esterilizados, como museos, galerías de cubo blanco, o aeropuertos. Recuerdo leyendo a Kathy Acker en un aeropuerto en algún lugar —soy un volador nervioso y pues además a mi me encantan las barras de aeropuertos por ser huequitos potenciales en un ambiente sobre-controlado— y volteando las paginas de Blood and Guts in High School (1978), mostrándoles a todos a mi alrededor dibujos bonitos de vergas y conchas, sintiéndome vagamente avergonzado pero también vagamente empoderado.