Ofender la Sociedad: Mesa de Dibujo

  • La Nana (Ciudad de México)
  • 14 junio 2019 — 25 junio 2019

Cuando llegamos a La Nana, atrás del Museo Franz Mayer en la colonia Guerrero, una colonia sufriendo desde sus principios por empezar como una colonia de gente indígena, dividida y aplastada para construir vías para trenes y autos, para plantas generadoras y otra infraestructura supuestamente neutral —no tan diferente que la comunidad de Oakland del Oeste, que estaba destruido por urbanistas racistas que construyeron uno de los intercambios de autopistas más grande de Norteamérica sobre su calle principal—, todos ya estaban sentados en un círculo. Miramos el círculo, buscando tímidamente nuestro amigo, que aún no ha llegado, hasta que un hombre guapo nos preguntó si no querríamos sentarnos en el círculo. Tartamudeamos, ah, no, vamos a ver los dibujos mientras esperamos. Pensé por un momento en algo que estaba pensando mientras estaba de gira, que el clásico cuarto pared del teatro o la danza también aplica a conversaciones íntimas, que cuando gente se están conversando de manera íntima —no íntima como sexy sino intima como cómodo— se aparece un pared invisible igual de impenetrable como el cuarto pared que se forma alrededor de un performer. De todos modos, vimos los dibujos.

Había muchos dibujos. Había pilas de dibujos sobre mesas, dibujos montados en las paredes, dibujos colgados del techo, dibujos pequeños, dibujos enormes, mascaras y retratos incompletos con las brazos o las piernas o la pelvis extraídas. Los dibujos cubrieron casi todo del espacio de exhibiciones de La Nana, cuyas paredes de piedra se recuerdan a paredes de catedrales, aunque el edificio era primero una planta generadora para el tranvía extinto de la Ciudad de México y después un Salón de México. Espero recordar correctamente mi dibujo favorito, sobre papel bond, orientado verticalmente, con dos penes verdes desplegando como las frondas de una palma. Desde un pene dispararon una fila de abejas buena onda, desde el otro una fila de —¿qué?— tal vez arboles o flores, igual de buena onda como las abejas. Querría tomar una foto y subirla en Instagram, pero decidí no hacerlo. Después no tomar ni una foto, que ahora me parece una decisión dudosa. Pero en el momento, me estaba preguntando ¿es mío eso? o ¿es suficientemente mío para tomar una foto y publicarla en mis redes sociales? y no me podía contestar claramente sí. Aunque la obra estaba en un foro público, no sintió pública. Sintió privada. No mía, suya.

Por fin llegó nuestro amigo y sentamos, sin miedo, en el circulo. Pararon cinco personas para ofrecernos sus sillas. Fue tierno. Todo fue tierno. El hombre que nos habló cuando llegamos empezó, introduciendo el proyecto de mesa de dibujo, pasando hábilmente la narrativa a cuatro o cinco otros, que hablaron de su experiencia dentro la mesa de dibujo. Casi todos expresaron su gratitud por haber sentido parte de una comunidad íntima, casi todos dijeron que no estaban en la primera sesión, que enterraron del grupo por Facebook y llegaron para la segunda o la cuarta sesión, pero cuando llegaron se sintieron aceptadxs inmediatamente. Casi todos compartieron una anécdota chistosa y/o sentimental sobre un ejercicio o el otro, por ejemplo el ejercicio en que todxs mapearon sus rutas hasta el lugar adonde probaron positivxs por la primera vez. Pasaron libros de etiquetas para niñxs, yo escogí una de perritos que creo que dijo “LOL.” Algunxs contaron que no supieron como dibujar pero otrxs sí y que eso no estuvo importante. Alguien citó Judith Butler y Michel Foucault, y pensé en la entrevista que estaba editando y traduciendo justo ese día con Menos Foucault, Más Shakira, en que Judith Butler es una blanca supremacista y Michel Foucault como el marica-genio-euroblanco por excelencia y pensé que raro que este grupo se llama Ofender La Sociedad, que raro estar involucrado en dos grupos distintos que se parecen ofensivos en el mismo día. Y pensé que pues tal vez la cosa es reconocer como MFMS que Judith Butler y Michel Foucault sí son figuras de cultura popular, y tal vez encontrar algo útil en su obra no es mejor ni peor que encontrar algo útil en la obra de Shakira o de Lil Yachty. La cosa que sí es racista es la mayoridad del conocimiento blanco-Europea y además la suposición que la obra de Butler o Foucault pertenece a algo más valioso por su cercanidad a ello. En verdad, ¿por qué necesitas leer Walden cuando puedes escuchar a Lil Yachty diciéndote, mira los árboles, mira el agua?