Mazatlantica

  • MUAC (Ciudad de México)
  • 27 junio 2019 — 5 enero 2020
  • Patrocinio: Secretaría de Cultura, FONCA, Fundación CALOSA, Colección Isabel y Agustín Coppel, Cinco M Dos, ATM Espectaculares, CityExpress Hoteles, Imágenes y Muebles Urbanos
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En una escena de la película Baywatch (2019), la en que salen Zac Efron y The Rock, vemos Zac Efron tomando un whisky en frente de una barra. Él, The Rock, y su equipo han infiltrado una fiesta privada en un hotel en donde Priyanka Chopra, saliendo como una narcotraficante Latina y un magnate de bienes raíces —pues se supone que todas las mujeres con piel morena se ven iguales y todas las mujeres poderosas se comportan igual—. Ya en el juego, Chopra regala a Efron una botella de whisky. “Tómate toda,” ella dice. Efron echa un sorbo desde un vaso “old fashioned,” un vaso corto y ancho, desde tomarías, pues, un old-fashioned. De repente mueve la cámara a otro personaje y vuelve a Efron, que de repente toma su whisky desde una copita, desde tomarías un shot. Esta falta bizarra en continuidad hubiera sido incomprensible en una película con un presupuesto de US$69,000,000 si solamente no era. La indiferencia a los detalles es el motor del desarrollo neoliberal, además de su síntoma: Yamal Jashogyi era desmembrado en la embajada saudita en Estambul, Jeffrey Epstein era asesinado en su celda en Manhattan, el gobierno mexicano mató a los 43 normalistas en Iguala. Una de las cosas mas notables de la política contemporánea es su desatención, su descuido a los detalles más obvios.

En uno de los cuartos de video en la exposición actual de Fritzia Irízar en el MUAC, Mazatlantica, alguien no tomó el tiempo poner la proyección en pantalla completa. Tres mujeres ama, tradicionales cazadoras de perlas japonesas —tal vez recuerdas las ama de la película salvajemente absurda de Matthew Barney, Drawing Restraint 9, acompañadas por canta de la garganta tradicional inuit y un shō en la banda sonora de Björk, su esposa en esa época— aguantando su respiración. Arriba de ellas, riéndose tranquilamente cuando de repente no aguantan más, aparece el menú de Quicktime: Archivo, Edición, Visualización, Ventana, Ayuda. El descuido se siente más fuerte en contexto de una exposición llena de información, presentado en el lento ritmo que lleva cualquier proyecto de investigación, que investiga las practicas sociales que acompañan la producción de valor. Un escarabajo vivo cubierto con metales y piedras de oro y plata, descansa en un terrario, un ejemplo en una practica supuestamente maya en que la cantidad de cosas preciosas que lleva el escarabajo, llamado makech, indica la posición social de una mujer, un ejemplo en vivo de un significante flotante. Una maquina en un cuatro detrás la expo está construido para deshacer una gorra en el estilo que llevaron varios héroes bolivarianos hecho de hilos de oro. Al lado de ella, un archivo extensivo de la historia de la industria de perlas en México, incluyendo una vitrina con artefactos prehispánicos y una versión completa de La Perla. En el centro de la exposición cuatro mesas de vidrio, colgadas del techo y flotando sobre el piso a la altitud de cadena como péndulas. Sobre cada mesa es una ostra injertada y una lupa para verla mejor. La instalación es impresionante, las mesas en sus mismas son bellísimas, y las otras verían completamente diferente sobre plintos o sobre una mesa, con la luz blanca de galería. Pero la ficha no dice nada de mesas flotantes colgadas del techo, ni de lupas de luces ni nada. Dice: “cuatro ostras injertadas.” Mientras tanto, la ficha para la instalación un poco repugnante al lado nos explica que “la artista introdujo una perla dentro de una persona.” ¿Cuál persona?

Después de mirar a cada ostra por unos minutos, preguntándome ¿por qué no puedo ver nada?, por fin anoté un crucifijo flotando en el nácar de una de ellas como el crucifijo suspendido en el orino de Andres Serrano en Piss Christ (1987), una obra utilizada para políticos neoliberals y neofacistas en EEUU durante las Guerras Culturales de los 80 y 90 para en su campaña efectivamente exitosa de destruir La Donación Nacional para los Artes de EEUU. Su éxito en eliminar las becas a individuales del presupuesto de la DNA y restringir severamente su presupuesto general ha jugado un rol fundamental en mi vida y en las vidas de varias artistas nacidas en EEUU, para quienes becas para hacer obra o solamente vivir son pocas y para poco dinero, esforzando la mayoridad de nosotros salir del país o trabajar chambas de tiempo completo además de nuestro trabajo como artistas. Afortunadamente, el Sueño Estadounidense es morir mientras trabajar —o por lo menos hacerlo al otro—.