#GWCDMX

  • Multiples lugares
  • 5 septiembre 2019 — 8 septiembre 2019
gallery weekend cdmx

Gallery Weekend CDMX, pues más bien #GWCDMX ocurrió el fin pasado. Creo que las cosas, exposiciones, charlas, lo que sea, empezaron el jueves o tal vez el miércoles, pero no vine a nada hasta el viernes. Llegué a Salón Silicón antes que mis amigos, entonces me escondí en un arbusto. No había listo socializar. En Salón Silicón había—pues hay aún—dos exposiciones concurrentes, una que es una tienda de regalos que burla de las tiendas de regalos de museos, como un gemelo sardónico de la Shadowshop de Stephanie Syjuco, y una exposición sola de une artista turquese, Pinar Marul, entitulada “Paramística.” Cuando me vio, Olga Rodríguez, une de les directores del espacio, me explicó que la de Marul era la exposición seria, la tienda de regalos, entitulada “Merch is the New Art,” la no tan seria. “Es una tienda de regalos,” me dijo, en inglés. Me dijo que ochenta por ciento de las ganancias fue a les artistas, una selección amplia de artistas del lado más independiente del mundo de arte contemporánea de la ciudad. Casi compré una obrita de Romeo Gómez López, otre director de Salón Silicón, un imán del pene de Justin Bieber, pero estaba, pues estoy, preocupado sobre dinero, entonces no lo compré. Pero aún Olga me regaló un esticker, y aún Romeo me sirvió un tequila 1800. Pregunté a mi amiga quien no había visto en un rato como estaba. “No sé,” me dijo. “Es difícil estar feliz.”

En un ensayo reciente para la New Yorker, una revista que usualmente evito, el autor Jonathan Franzen, que tampoco me gusta tanto, escribe con una claridad refrescante: “Si tienes menos que sesenta, es probable que serás testigo a la desestabilización rápida de la vida terrestre—masivas perdidas de cosechas, fuegos apocalípticos, economías implosionando, inundaciones épicas, cientos de millones de refugios escapando regiones hechos inhabitables por calor extrema o sequía permanente. Si tienes menos que treinta, tu testigo es básicamente garantizado.” En las ultimas seis semanas, las noticias nos han llegado que están quemando los bosques del árctico, del centro de África, del Amazonas. El huracán Dorian destruyo casi completamente dos islas de las Bahamas; en Islandía lamentaron la muerte de uno de sus glaciares; y más. Todes sabemos que todo eso está pasando, todes sabemos por qué, y todes sabemos que no hay mucho, que no hay casi nada, que podemos hacer para cambiarlo. Y eventos como #GWCDMX nos recuerdan—bueno, a mi me recuerdan—que las cosas que amamos también juegan un papel integral en la destrucción continua del planeta. Por ejemplo, el arte contemporáneo, mientras está construido desde/para un mercado no regulado que valora y valida la cultura europea aristócrata que ha llevado desesperación, devastación, el agotamiento de recursos naturales, etc a todo el mundo a través de los últimos, no sé, 500 años. Entonces vamos a Gallery Weekend y tomamos lo que esté gratis y quedamos parado afuera, por horas y horas y horas, paralizades por indecises, buscando el after perfecto que nos va a dejar tener el catarsis que necesitamos.

El sábado estuvo desolador. Todo el día estuvo nublado. A veces llovió, ligeramente, en una manera que hacía silencioso todo. Mientras estaba viendo historias de Instagram en la mañana vi una pintura de Ana Segovia, tal vez mi pintora favorita en México o en general. Pregunté a mi amigo, pues mi amigo de Instagram, en donde la había encontrado pero no me respondió. Después de tomar café y desayunar me acordé que Segovia tenía un estudio abierto en Lagos, un espacio en la colonia Anáhuac. Bajé en la estación Popotla, llamada por el árbol debajo que lloró Cortés mientras quemó Tenochtitlan. Afuera de Lagos había parado un plinto, como uno perdido de Roni Horn, con el texto “#GWCDMX” en vez de una línea de Emily Dickinson. El edificio estaba silencioso, aunque una dirección abajo dijo: “fiesta” con una indicación para arriba. Entré el estudio de Segovia y paré allí por un rato. Me sorprendió encontrar unos paisajes del oeste estereotípico de estados unidos, algo aparte que lo conozco que su obra, que investiga la masculinidad a través usualmente de figuraciones. En eses paisajes no aparezca nadie. Son orientadas verticalmente en vez de horizontalmente, son bastante pequeñas, como el tamaño de un remo con que pegas a alguien en una novatada, en vez de ser enormes, arrolladores, como usualmente son. En una de ellas, la pinta formó una rugosidad pequeña que cruzó una línea en la tercera alta, una intervención inesperada, humilde, curiosa. Cuando entré el metro, en camino desde allí hasta la Condesa, leí que alguien murió en las vías de la línea uno. Es difícil estar feliz.