Fundación Alumnos47

La Fundación Alumnos47 era fundado en 2009 por Moisés Coisío, heredero de una de las familias más ricas de México. Durante su existencia, Alumnos47 soportó un gran variedad de actividades e investigaciones, desde publicaciones y conciertos hasta la A47 Móvil, una biblioteca itinerante que se presentó conciertos, lecturas, y talleres en comunidades afuera del circuito estrecho de arte contemporáneo en la Ciudad de México. Su misión era explorarse las “problemáticas actuales a través del arte contemporáneo en su relación con otras disciplinas para analizar la vida cotidiana.” Ciertamente, Alumnos47 proveyó una alternativa emocionante contra la practica auto-referencial y la recepción hermética del arte contemporáneo. Hasta que no.

En los finales de noviembre del 2018, justo antes que un proyecto apoyado por Alumnos47, Pedagogías Empáticas—un proyecto pedagógico radical/experimental que notablemente se dio cuenta de los recursos limitados, finánciales y emocionales, de los educadores en general—convocó su segundo encuentro en el museo Rufino Tamayo, Alumnos47 cerró. Todos los empleados de Alummnos47—“hasta el jardinero!” exclamó una amiga—eran despedidos de manera grosera, esforzados sentarse en un cuarto con abogados y contadores, obligados firmar unas cartas de renuncia voluntarias, y dieron nada más tres meses de sueldo. Podemos imaginar el capitulo de Made in Mexico, en que Moisés Coisío, comportándose en la manera en que cree que la gente atormentada se comporten, tal vez con su cara en las manos, tal vez fumando un cigarro con los ojos clavados en la vista magnifica desde su balcón o su terraza, dice a la cámara: “es que…ya no puedo.”

Una institución de arte dedicada a investigar las problemáticas actuales a través del arte contemporáneo, cerrada por la problemática actual más profunda del mundo contemporáneo, los caprichos y la impunidad de los ricos. El mundo contemporáneo es cada vez más dominado por una oligarquía tan aislada del mundo actual que se parece que su único recurso de aprender vivir es mirarles sus mismos en programas de tv y cuya acumulación de opulencia cada vez más absurda solamente se puede mantener en un mundo anti-democrática. El arte contemporáneo, como más o menos todo el arte por lo menos desde la Ilustración, depende y está asociado con —además en muchas maneras existe y siempre ha existido por y para— esta oligarquía. Pero tal vez debe existir para alguien diferente. El reto es imaginar como puede existir por alguien diferente.