Espacio en Blanco

El edificio que almacena Espacio en Blanco era una casa, después unas oficinas para arquitectos y ingenieros. Espacio en Blanco se abrió hace cuatro en esta historia pillada entre lo formal y la familiar con un programa de charlas y proyecciones dirigida a un público íntimo de amigos. Desde entonces, el espacio ha expandido en un par de oficinas dentro del edificio. Esta expansión física permitió una expansión de programación y de publico: Espacio en Blanco ahora presenta exhibiciones, performances, y talleres además que charlas y proyecciones, y dirige su programación a un público mucho más amplio, que maneja en sus coches o los coches de otros desde el área en expansión de Monterrey. Esta expansión de espacio, de programación, y de público ha añadido la necesidad de buscar becas y patrocinios para aumentar la economía colaborativa con que empezó el Espacio en Blanco.

Estacionas en la plaza comercial y caminas por la tienda de dulces picantes artesanales, por el salón, por la tienda de cocinas integrales de lujo, a una puerta café. Al lado de la puerta es una señal que dice Espacio en Blanco. Subes la escalera y encuentras primero, a tu lado izquierdo, la terraza. Tal vez hay un grupo de cinco o veinte sentados, parados, tomando y fumando. Tal vez alguien te invita por una cheve, o te pregunta si quieres un tequila, o tal vez sigues subiendo la escalera, donde encuentras un texto de muro, el centrado entre la terraza agradable y el espacio arriba, un espacio más formal de presentaciones de arte. Los textos de muro son fuertes pero no son ostentosos. La última vez que estaba, por ejemplo, me llamó la atención el uso del articulo femenino para “performance,” un sustantivo de inglés y por eso sin genero que usualmente ocupa, sin razón —sin razón aparte del machismo atrás de mucho en el español—, el articulo masculino.

Es esa fuerza crítica y modesta que se mantiene unido el Espacio en Blanco, que de otra manera tal vez se sentiría como un lío. Su ubicación, en una plaza boutique en el municipio más rico del país, no da confianza que no será el tipo de tienda de muebles glorificada que pasa como espacio de arte en muchas ciudades y muchos barrios ricos del mundo. La terraza grande, perfecto para los asados domingueros tradicionales de Monterrey, no hace sentido como parte de un edificio de oficinas que sería vacío los domingos. El espacio de exhibiciones, un par de oficinas con planos raros, se sentirían incomodos, como algo entre la anonimidad sin sangre de una galería de arte y la intimidad exagerada de una galería en casa o departamento. Si usaría su filo intelectual como una arma, como hacen muchos espacios independientes, sería un espacio cansado e inhospitalario, te haría preguntarse, como Julius Eastman, ¿si eres tan inteligente, por qué no eres rico? Afortunamente, en vez de todo eso, el Espacio en Blanco te pregunta si quieres una cerveza, te invita arriba para ver el arte, y te dice —suavamente, como ya lo has pensado— que deberíamos hablar de las performances, y no de los performances.