Apariencia desnuda: el deseo y el objeto en la obra de Marcel Duchamp y Jeff Koons, aun

  • Museo Jumex (Ciudad de México)
  • 19 mayo 2019 — 29 septiembre 2019
  • Curaduría: Massimiliano Gioni
  • Patrocinio: Fundación Jumex
koons selfie

La primera vez que intenté ir a ‘’Apariencia desnuda: el deseo y el objeto en la obra de Marcel Duchamp y Jeff Koons, aun,” la exposición actual en el Museo Jumex, fundado por la sección filantrópica del imperio de jugos y dirigido por su heredero, quien se rumorea que estaciona sus autos en los elevadores del museo en sus citas, llegué tarde. Estaba sudando. Casi siempre sudo cuando tardo porque estoy caminando rápido, que me hace sudar, además que me estresa llegar tarde, y el estrés me hace sudar aun más. Cuando por fin llegué, vi mi amigo partiéndose la espalda para tomar una foto de un vendedor de globos, cada globo con la imagen del globo/escultura gigante en frente del Jumex. Mi amigo ya me había escrito: “hay mucha gente!” La fila envolvió el globo monumental y ocupó casi toda la plaza. Sugirió que esperábamos hasta que el hombre sonriente con una mochila de jugitos nos diera un jugito, entonces esperábamos. Recibimos nuestros jugitos sonrientes y partimos.

Aun estaba una fila cuando por fin fui de nuevo tres semanas después. Estuvo mas corta y no hubo jugitos. Tampoco estuvo el vendedor de globos. Esperé unos quince minutos para comprar mi boleto y unos cinco minutos más esperando una familia que paró la fila para despedir a una otra familia. Por mi primera vez en un museo de arte contemporáneo, hubo—aun hay, pués—cada vez que escribo “aun” pienso en “Jeff Koons, aun,” tal vez debería estado escribiendo eso en vez de solamente aun—Jeff Koons, aun hay—una ruta prescrita controlaba por las guardias. Todos esperan el elevador, todos van al tercer piso por el elevador, mientras unx trabajadorx del museo les diga que no está permitido comer, beber, masticar chicle, ni usar un selfie stick, todos bajan por las escaleras desde el tercer piso hasta el primer piso, y después a la tienda en la planta baja. Yo bajé uno más, hasta el sótano, donde está la librería y los baños, que son mis baños favoritos de los museos de México. Siempre me sorprende no encontrar gente cogiendo atrás de los pilares impresionantes que separan cada mingitorio e inodoro.

Cuando llegas al tercer piso, ves un texto de muro agotador que intenta enmarcar la exposición como algo sobre la historia de Eros en el arte, el deseo desplazado bajo capitalismo tardío, algo así, que tal ves lees. Si no lo lees, encuentras el mismo texto entrando a los pisos dos y uno. Si giras a la derecha, que hago muy seguido porque me gusta ver las exposiciones en reverso, una guardia entretenida te diría, amablemente, que hay que empezar a la izquierda, que no puedes pasar a la derecha. Entonces ves primeramente, a la izquierda, una imagen de Jeff Koons, llevando un albornoz negro, sentado descalzo de piernas cruzadas en frente de una tienda colorada situada en una selva de imitación con “JEFF KOONS” en fuente dorada sobre la arriba del imagen y sus galerías, como ubicaciones de sucursales de Gap inmediatamente debajo de su nombre. Al final de ese serie, o tal vez sobre el muro opuesto, hay una de muchas fichas de como 1000 palabras, que dicen más o menos la misma cosa. Imagínate leer este texto quince o treinta veces en un cuarto lleno de objetos brillantes y grandes de Jeff Koons y objetos pequeños y anodinos de Marcel Duchamp y ya has visto la exposición, más o menos. Hay una instalación sonora supuestamente de Duchamp como Rrose Sélavy albureando en francés, instalada pésimamente o brillantemente —pésima si la idea era escucharla pero brillante si la idea era esforzar el escuchador asumir una posición erotica como lo que unx tiene que hacer para ver Étant Donnés, agachándose en medio del pasillo— y hay también, en el mismo piso, la única imagen realmente erótica en la exposición, una proyección de Duchamp mirando directamente a la cámara con una mirada mariposón mientras toma un vaso de agua, o fuma, o los dos.