Amarillo

  • Instituto de Arte Contemporánea de Atenas (Atenas, GA)
  • 17 agosto 2019 — 6 agosto 2019
  • Curaduría: Jurada por Kevin Sipp
wren on gold susan sellew

ATHICA, el Instituto de Arte Contemporánea de Atenas (Georgia), se encuentra en un centro comercial renovado, pasando el lugar de BBQ con tipografía hípster, el estudio de yoga, las oficinas de arquitectura, etc. Es un rectángulo largo, interrumpido por dos cuartitos que funcionan como closets. En medio de los dos cuartitos está el baño, fuertemente indicada como unisex en el estilo típico de lugares liberales en el sur de Estados Unidos, donde ser trans es más peligroso y anunciar que su negocio no soporta esa violencia es una manera de identificarlo como liberal, sin violencia, “no uno de los malos.” —Aquí, donde escribo en la ciudad de Fernandina Beach, Florida, casi cada negocio incluye un pequeño cuadro de arcoíris con los logos de VISA, Mastercard, y American Express. Sobre el arcoíris dice “Tú.”— De todos modos, fuimos a ver “Amarillo,” su exposición actual, jurada por Kevin Sipp. Fuimos porque querría ver como es una inauguración de arte contemporánea en una ciudad pequeña en el sureste de EEUU. Era como cualquiera inauguración, básicamente: gente tomando bebidas gratis, gente alrededor de la mesa de antojitos, muches hablando entre une a otre y unes viendo el arte. Anoté que las artistas llevaron gafas que dijeron “ARTISTA,” un detalle que me cayó bien. La exposición, ostensiblemente organizado alrededor del color amarillo, demostró sobretodo el abismo entre la autoestima de artistas mujeres y la de artistas hombres.

Cada ficha incluyó el precio de obra. Un chochín sobre un cielo amarillo y grueso, colorado y texturado como los impresionistas, hecho de ganchillo por Sue Sellew, etiquetado por US$400. Justo alrededor, si recuerdo correctamente, de medidas similares, una pintura tediosa con marcas expresivas sobre un panel pesado de madera, llamado Geometrías Ancianas, por Moritz Kellerman, etiquetado por US$2000. Mientras caminamos desde ATHICA hacia Seabear, mi restaurant favorito en Atenas, dije a mi amigo Dan: “ATHICA no debe dejar el precio a cada artista. Deben asignar precios a cada obra con más uniformidad y tomar un porcentaje para el instituto. Las instituciones de arte contemporánea en ciudades como Atenas deben existir para apoyar artistas, no para inventar mágicamente un mercado de arte donde no hay uno.” O más bien dije algo así. Estaba borracho. Estaba diciendo que la nueva riqueza se comporta como la vieja riqueza, pensando en el tech bro que vi en una Bi Rite en San Francisco que se río de una botella de vino porque solamente estaba en US$24: “esa no puede ser buena.” De todos modos, el chiste de mi argumento era algo así, que las instituciones de arte contemporánea en ciudades que faltan un mercado de arte deberían ver esa falta como un regalo, un pisarrón en blanco sobre que se puede pensar en una economía de arte que puede existir separada de los deseos de la gente rica.

La noche anterior fuimos a ver el teatro comunitario de Atenas en su producción del Sueño de una noche de verano. La disfruté mucho, era chistoso y vulgar y hubo una banda de personajes llevando costumbres que me recordaron de la primera temporada de True Detective, una temporada ubicada también en el sureste de EEUU, en el país fallado del Estados Confederados de América, cuya bandera rebelde, las estrellas en X, ahora es un símbolo de patriotismo blancosuprematista —pues no sé si hay otro tipo de patriotismo, pero bueno—. Estaba pensando en el gusto. ¿Qué es el gusto? ¿Quién lo decide? ¿Por qué es, o ha sido, importante su opinión? ¿Por qué seguimos con Kant, con la cultura salvaje y violenta de los europeos blancos, que ha llevado el mundo a los catástrofes paralelos de economía y ecología en los cuales nos encontramos hoy en día? Durante la intermisión, vi en Twitter e Instagram imágenes y videos de estaciones que policías en llamas, de mujeres en la Ciudad de México pintando el Ángel de la Independencia, y leí reprimendas increíbles a los hombres eurocéntricos, amantes de Kant seguramente, quienes dijeron, como también dijeron durante el momento de #metoo en México, que esta vez las mujeres han ido demasiado lejos. Espero que vayan aún más lejos.